Anselmo tiene 51 años y trabaja como cartero en París. En 1974 yo era miembro del PCF (Partido Comunista Francés). Leía a Karl Marx, Georges Marchais, Jean-Paul Sartre y soñaba con el ‘eurocomunismo’. “Con todo, no lograbla aplacar mi sed de justicia y de ideales”, afirma. Entonces, cayó en sus manos ‘Camino’, libro de san Josemaría, que supuso un cambio importante en su vida. “Era lo que estaba buscando. Me di cuenta de que era el ‘libro de los trabajadores'”.

27 de septiembre de 2005

Opus Dei -

¿Cómo llegó ese libro a sus manos?
En 1986 hice unos ejercicios espirituales en una casa de caridad de Marthe Robin. Uno de los participantes -que no era del Opus Dei– me prestó ese librito. Lo leí. Lo medité. Me gustaban mucho sus consideraciones espirituales, porque me hablaban de cosas concretas. Mire: yo no soy un intelectual, porque dejé mis estudios a los 16 años. Aun así, me gustó tanto que se lo pasé a una amiga. En seguida, lamenté haberlo hecho: ¡lo necesitaba para rezar! Fui a muchas librerías para poder comprarlo, pero era imposible. Un día, acudí a Notre Dame du Taur (Toulouse) a confesarme, y el sacerdote me habló de ‘Camino’. Le pregunté que dónde podría comprarlo y me dio las señas de un centro del Opus Dei.

¿Y fue?
Sí, pero el libro se había agotado. Tenían que encargarlo. Dos semanas más tarde, cuando el director del centro me entregaba el libro, me preguntó: “¿Le gusta ‘Camino’? Entonces le gustaría también hacer un retiro espiritual”. Tenía razón, porque pronto aprecié el valor de este modo de formación espiritual. Poco después, el mismo sacerdote que me había hablado de ‘Camino’, me preguntó: “¿Has pensado entregar tu vida a Dios por completo?”. Lo pensaba desde hacía mucho, la verdad. Tras pedir consejo al obispo de mi diócesis, solicité ser admitido en el Opus Dei.

¿Pasó del Partido Comunista Francés al Opus Dei?
En 1975, cuando vivía en París en un local que alojaba a jóvenes trabajadores, conocí a un chico, Vinh. Su padre había luchado en el ejército de Vietnam del Sur. Me contó cómo era realmente allí el comunismo. Aquello comenzó a cambiar mi visión. Luego, leí algunos libros de Soltzenistzsin. Creo que aquello fue el inicio de mi cambio.

¿Cómo reaccionó su familia?
Mi padre era agnóstico. Cuando me convertí a los 27 años, le pareció mal. En 1992, mi madre falleció. Durante la misa de funeral, él entró en la iglesia. No me lo esperaba. El sacerdote que había celebrado la Misa se entretuvo charlando con él. Era, sin duda, la primera vez que hablaba con un sacerdote. En 1998 cayó muy enfermo y le animé a prepararse para su encuentro con Dios y aceptó de muy buena gana volver a hablar con aquel sacerdote. Recibió todos los sacramentos y murió algunos días más tarde.

Sus padres eran españoles, un país de amplia tradición católica
Procedo de una familia republicana. Mis padres llegaron a Francia en marzo de 1955. Aquí vivía un tío mío, refugiado político. Mi abuelo había sido miliciano republicano. Durante la guerra civil española, señalando a un sacerdote, había ordenado a sus camaradas: “A ése, matadle”. Era algo que todos tenían la intención de hacer. Cuando acabó la guerra, los testigos de aquel crimen denunciaron a mi abuelo, como ocurre tras todas las guerras. Fue arrestado, torturado y condenado a cadena perpetua, aunque luego permaneció en la cárcel nueve años. Mi abuela murió de pena. Sus hijos -criados en la calle pues eran huérfanos- conservaron un odio profundo hacia la Iglesia, culpable, a su juicio, de la muerte de su madre y de su desgraciada situación. Siendo ya adultos, se exiliaron en Francia.

¿Con una historia familiar así, como reaccionó usted cuando escuchó lo que algunos dicen de que el Opus Dei era franquista?
Cuando conocí la Obra, ignoraba ese calificativo. Pertenezco a una familia que no guarda mucha estima por Franco. Y puedo asegurarle que no he encontrado ninguna señal de franquismo en el Opus Dei.

¿Que queda de sus años en el PCF?
Mi visión de la justicia y de los ideales no ha cambiado. Nunca he estado de parte de los empresarios, salvo si eran buenos en su tarea.

¿En qué le ha ayudado san Josemaría?
Me ha hecho descubrir que el cristianismo se puede vivir en la vida ordinaria. Me ha mostrado también que la unión con Dios no se lleva a cabo simplemente con la oración o en la Iglesia, sino también cuando escribo una carta o cuando estoy en el metro. Es posible tratarle y adorarle en cualquier momento o, más exactamente, en las ocasiones que cada jornada nos pone por delante.

¿Cual es la frase de san Josemaría que más le ha impactado?
“Cristo vive”. Se la oí en una película. Cristo no es un personaje de novela: Cristo vive. Eso lo cambia todo.

de opusdei.es