Supongo que habrá tantos casos como personas. Al fin y al cabo somos almas únicas e irrepetibles. En mi caso, los motivos fueron evidentes: fui abandonando poco a poco las prácticas de piedad y caí en ese estado del alma que se llama tibieza.

Llegó un momento en el cual no sabía si podía seguir una vez “desenamorado” (insisto por culpa mía) el largo camino de una vida entregada a Dios. Oportunidades y ayuda tuve todas… Pero al fin y al cabo, la libertad es lo primero… hasta para equivocarse.

La vocación, cualquier vocación, hay que amarla, quererla, alimentarla, mantenerla… De lo contrario….

Pedí la admisión de numerario mayorcito (20 años) y fui miembro 8 años. Fueron los años más felices de mi vida… y no sé que sería de mi hoy sin haber conocido el Opus Dei.
Rezad por sus miembros. Son unos auténticos santos.
__________________________________________

Gracias por tu testimonio.
Dios que nos ama con locura nos dió la libertad, aún sabiendo que a veces los hombres no vamos a saber utilizarla.

También nos dió la Gracia par volver siempre.
Reconocer nuestros errores ya es un paso. Gracias por la petición de oraciones, por que nadie está exento de caer.

No, no somos santos, estamos en camino,y como bien díces la vocación tenemos que amarla y mimarla, cuidarla para no perderla.