Quizás puedo ayudar en algo. Yo estoy en una obra católica, no es el Opus pero en estas cosas viene a ser lo mismo. Muchas veces he visto cosas que no me han gustado. Admito que muchas han sido por mi mediocridad, me piden cosas que no quiero ni veo el porque de dejarlas. Otras sin embargo son simplemente que mi obre, el opus y todo lo habido y por haber tienen fallos. Perfecto solo es Dios, habrá supernumerarios malos (estoy seguro de que son una ínfima minoría) y estos hacen mucho daño. También en todos lados hay caracteres incompatibles. Y si dos personas chocan las cosas pueden acabar muy mal. Yo he estado apunto de dejar mi obra muchas veces. Pero Dios me ha concedido la gracia de no ver solo estos aspectos humanos que aparecen en todo lo que el humano ha hecho sino que gracias a Dios también veo todo lo que he recibido y que por cada persona mala y que es más lastre que otra cosa hay nueve buenas o más. Por lo tanto no merece la pena quemarse. La vida es así solo es perfecto Dios e igual que nosotros fallamos, los que hablan con nosotros en una obra pueden fallar. No por eso hay que rebotarse. Creo que es una reacción muy humana pero también evitable. Cuando algo no nos gusta de un sitio hace que solo miremos lo malo. Y lo malo no es más numeroso que lo bueno. Solo más ruidoso.
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Como bien dices, perfecto sólo es Dios.
San Josemaría, el fundador del Opus Dei, decía que era “capaz de todos los errores y todos los horrores”. En eso consiste: en tener muy claro que somos capaces de todo lo malo, pero también, con la gracia y ayuda de Dios, de todo lo bueno. Despende de nuestra correspondencia. La vida es lucha contínua. Caer, levantarse, seguir… volver a caer, pedir perdón y recomenzar. Y así hasta el día que Dios quiera llevarnos con Él.
Si no perdemos de vista que somos humanos con errores, igual que los que nos rodean, tendremos la madurez de asimilar los fallos de los demás como algo normal en la condición humana. Lo que realmente nos tendría que importar es lo que Dios piense de nosotros y como luchamos para estar cada vez más cerca de Él, en vez de mirarnos el ombligo y darle vueltas a cómo se portan los demás conmigo.. Él es la única roca de la que puede depender nuestra vida y nuestra fidelidad.